martes, 3 de enero de 2017

MIS POEMAS SON ALGO ASÍ




Mis poemas son algo así
- si eres poeta lo comprenderás -
como una receta que el médico del alma
me prescribió al nacer.
Sé que curan algo, pero no sé que es.
Algo crónico.
Vienen conmigo desde mi nacimiento,
como un eslabón poético del gen.
Son mi salvoconducto
en el país de las sombras,
el freno de las angustias de mis días,
la noria de la feria
a la que yo mismo me invité.

En ocasiones, se rebelan rapeados;
me hacen estar si yo no estoy.
Me golpean la conciencia,
me recuerdan que ser
es comportarse con coherencia;
y que hay que saber,
- si corresponde - responder con insolencia;
me ayudan a entender
que es un derecho la desobediencia
si los que gobiernan
solo lo hacen para su complacencia...

Tanto tiempo y no sé muy bien
quiénes son, ni quién soy para ellos.
Migran; caprichosos se van
cuando les tercia y juegan a asustarme
con el que nunca volverán
- recuerden que soy poeta crónico -
aunque no me alarmo demasiado;
siempre asoma algún rabillo
de nube entre tus ojos,
y sé que en tu mirada,
caben todos mis poemas.

Luego, más tarde que después,
regresan y caen hambrientos
sobre los campos del alma
(su metáfora favorita)
y comen de mi ser hasta saciarme;
sí, hasta saciar-me,
(no sé cómo explicarlo, pero en esencia
me alimento de poemas
que se alimentan de mí).

Soy así; somos así.
Amigos crónicos abonados
a la improvisación pasajera;
deudores del ahora - los tiempos cambian -,
con líricos acentos del ayer
que reservan asiento en el mañana,
pues aunque mudan de piel las musas
como muda de piel el alma, y se van,
se van, pero para volver.

Saben bien que esta que habito
siempre será su casa.

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